La Octava F.C.


Mr. Jones by La Octava
abril 20, 2007, 4:17 am
Filed under: Historias

Mr. Jones

Mr. Jones abrió la puerta del baño y, al entrar, se quedó mirando fijamente su reflejo en el espejo. En su cabeza desfilaban las imágenes de lo que había pasado aquella noche. Sus manos estaban llenas de sangre.

Se lavó rápidamente, procurando limpiar hasta la más ínfima mancha en su piel. El uniforme que llevaba lo delataba: se trataba de un traje blanco, el cual tenía sobre su pantalón un estuche que contenía un gran cuchillo, de un filo temible. Algunos habían dicho que era capaz de cortar al medio la mano de un hombre; otros, que podía atravesar un cuerpo con facilidad. Pero Mr. Jones no se preocupaba, pensaba que lo que había hecho aquella noche no estaba mal, tarde o temprano la naturaleza los iba a matar.

Habían sido tres o cuatro. La destreza de Mr. Jones era impecable. Tan sólo un par de tajadas le bastaron para cortarlos en varias partes, sin que ninguno sientiese algo de dolor. El hombre salió del baño y empezóo a caminar, con una sombría sonrisa en el rostro, una sonrisa aterradora, que hubiera paralizado al corazón del más valiente. Hacía frío, mucho frío. La imagen del pasillo era macabra: cuatro cuerpos yacían colgados, sostenidos por fuertes sogas que rodeaban sus cuellos. No eran los únicos, había varios. Una mirada de tristeza se podía ver en sus rostros, no podían entender cómo habían llegado a ser víctimas de tal masacre, qué habían hecho para ser condenados de esa forma brutal. Pero Mr. Jones seguía tranquilo, era sencillamente un hombre insensible.

Lo había planeado desde hace tiempo. Su madre lo había echado de su casa, pues no creía correcto que un hombre de su edad no pudiera alcanzar total independencia. Tal vez aquello fue el detonante de lo que lo llevo a actuar de ese modo terrible. Algunos lo creían loco, yo pensaba lo mismo, pero después me di cuenta cuán equivocado estaba. Sólo era un hombre incomprendido.

Sus prácticas habían empezado desde hace tiempo. La primera vez se encontraba en un cuarto muy espacioso. Agarró cuidadosamente su arma filosa y la clavó lentamente, con una gran crueldad y un gran desprecio. Podía sentir el sufrimiento de su víctima reflejado en su rostro, en su triste mirada. A él le gustaba ver eso, lo apasionaba. Luego se convirtió en un hábito, sus víctimas eran cada vez más. Hasta que un día cesó su matanza. Temió volverse loco. El no poder sentir el crujir de los órganos al ser desgarrados por los dientes de su cuchillo lo atormentaba. Era algo insoportable. Se había convertido en un vagabundo sin rumbo, no encontraba otra razón para vivir. Quería volver a ver esas lágrimas ficticias, desprendidas de los ojos de sus cadáveres.

Mr. Jones volvió a la casa de su madre, esa noche había sido agotadora para él. Se acostó en su cama y una dulce voz interrumpio su descanso, era su madre:

-¿Cómo te fue hoy?
-Bien, mejor que nunca.- respondió Mr. Jones con esa sonrisa macabra, propia de él, mientras sus ojos brillaban, los ojos de un asesino.
-Me alegra mucho ver que estás bien de nuevo. Ah, por cierto, llamaron del frigorífico, dijeron que les habías encantado, así que seguramente te van a dar el trabajo.

Mr. Jones sonrió y, como un animal que cae cuando le dan el golpe de gracia, se echó a dormir. Mañana iba a ser un largo día.

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