La Octava F.C.


Por el fin by carasdelimon
mayo 16, 2007, 2:10 am
Filed under: Historias

Mañana, sol, futuro, calor…Noche, luna, pasado, frío.
Simpre vas a estar acompañado por la soledad.

                                                                  I

Entre tanto humo se perdie, confundiendo deseos con objetividad, liebre con can, muerte con pensar. Se va alejando, mirando, buscando un horizonte incierto. Siguiendo su camino no volverá, de día, al jardín trasero del paraíso. Sigue caminando por los ladrillos resplandecientes que conforman su piso. Pasa en el tiempo. En el medio de la nada, se encuentra con una mago (de difusos conocimietos, pero honesto como el rocio). Sus percepciones se cruzan, se miraron y deducieron que estaban ahí, en ese sitio, por simple tensiones o descansos de la (maldita) soga que maneja un pequeño delirante (el destino, el primer surrealista del tiempo). Comprendieron falsedades correctas, y se comunicaron sus planes (sin hablar, que confunde y altera) solo mirandose directamente a los ojos (como en realidades pasadas y olvidadas en frios cofres de la evolución humana). El mago rompió el silencio, diciendo que en tierras lejanas, donde ni el comunismo ni el capitalismo domaron a sus crias, se podía confiar en la gente.
Él no creyo en cierta afirmación de aquel extraño. Como podía ser que en algún lugar se pueda confiar en la gente, en sus pares ??!!. Algo nada comprensible para sus expectativas pasadas, vividas. Si a él lo habían destrosado y rematado en la horca moderna. Contruyendo pilares insulsos, creando seres que solo toman el impulso de la vida mediante su amor. Él perdio el corazón, se lo olvidó en el armario de la señora tempestad. Ella solía decirle: “Te pego porque te quiero, te mato porque te amo”, filosofias dignas de la tierra de la interperie. A lo largo de unos pocos meses que duroe esta pareja, él comenzo a escupir sentimientos suicidas. Solía fantasear con que el corazón de ella ya tenía dueño, y en cambio, al suyo se le acaba el alquiler. Depositó todas sus fuerzas en los huracanes de melosa caminata, pero no logró revivir esa relación. Se dio cuenta que había apostado su bien más preciado (su corazón), en juegos del amor (deporte extremo…si los hay) y que había perdido.
Luego de enterado de todo este panorama el mago comprendio, aereamente, porque ese chico no le creía cuando le comentaba la existencia de la confianza. El mago se pregunto si en realidad en sus tierras había existido la unión humana o si era un concepto que él mismo había inventado (como soles incas, renovandose). El chico y el mago jadearon, agotados de tanta melancolía. El mago se encontraba en una gran confusión, se derrumbaron todas sus creencias y se apagó.

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